Asociatín Forte, complejo vitamínico por si tu asociación o gremio languidece…

Cuando termine algún día esta crisis, que lo hará, se supone, podrá hacerse un recuento exhaustivo de las víctimas que ha ido dejando por el camino. Ahora, como en una ruta macabra, vemos en las cunetas, yaciendo muertos o malheridos, al sector de la construcción y al inmobiliario; a la mayoría de las entidades financieras, a miles de industrias y a decenas de miles de comercios.

Pero hay un tipo de institución, fundamental en el desarrollo económico y cívico de un país, que está sufriendo y resistiendo con gran discreción los embates de esta crisis, recesión, depresión o lo que fuere: nos referimos a las asociaciones empresariales y profesionales, principalmente.

Lo paradójico del caso es que, si es cierto que están resistiendo la crisis en su mayoría, también es verdad que lo están haciendo de una forma que pone de manifiesto algunas carencias y cierta falta de visión estratégica, circunstancias que podrían llevarles a aguantar en esta difícil coyuntura, pero ni un minuto más. En este sentido, las asociaciones suelen notar los efectos de una crisis como la actual después que sus socios, e incluso en menor medida, pero cuando les alcanza finalmente, muchas de ellas corren el riesgo de desaparecer. Ilustremos de alguna manera determinados aspectos de debilidad que comparten muchas instituciones de este tipo.

Generalizar no es un principio admisible casi en ningún terreno, pero podemos convenir, al menos, que en muchas asociaciones de nuestro país la idea que se tiene de la relación entre empresas de un mismo ámbito se acerca más a la de un club de amigos o a la de un lugar donde obtener cierta notoriedad y capacidad de representación, que a una institución profesionalizada que defiende los intereses y la marca de un determinado sector de actividad.

Existen ejemplos para todos los gustos de instituciones que han actuado bien, regular y mal y que han conseguido grandes, medianos o nulos éxitos en su intermediación con las Administradores y Reguladores, pero es cierto que de las primeras abundan menos que de las otras dos.

Junto a esa probable confusión sobre el propio carácter de la institución, la crisis ha provocado un efecto digno de análisis en muchas de estas asociaciones. Impulsadas por las dificultades de los asociados y por la necesidad de ofrecer soluciones útiles, muchas de asociaciones y gremios se han transformado, o lo han intentado al menos, en empresas de servicios, dejando en un segundo plano su labor fundamental: la asociativa, es decir, la cohesión de las empresas del sector, un cierto liderazgo especialmente en momentos difíciles y la defensa de la marca y de la reputación corporativa.

El resultado es que muchas de estas asociaciones se han encontrado con que no saben ser prestadores de servicios ni consultores de sus propios socios, o que lo hacen más caro y lento que los competidores externos ya experimentados; al tiempo que han olvidado en buena medida que su principal labor es la representación de los intereses conjuntos y la promoción o defensa de la marca, lo que aplique en cada momento.

En aquellas instituciones en las que conviva esta doble realidad, desempeño asociativo deficiente y servicios o consultoría poco competitivos podríamos augurar, como poco, un futuro incierto.

Normalmente, lo más difícil de conseguir en una asociación es que los propios dueños, los asociados, participen activamente, más allá de la presencia requerida en los órganos de Gobierno o actos protocolarios. La verdadera fuerza de las asociaciones reside en el conocimiento que transmiten los socios a los gerentes para que estos hagan una correcta defensa de sus intereses.

En caso contrario, lo que suele ocurrir es que la dirección de las asociaciones funciona como entes meramente administrativos, asimilados al engranaje de la burocracia del Estado.

Sólo volviendo a impulsar, desde la raíz, la vida de muchas de estas asociaciones se podrá conseguir el cumplimiento de sus principales objetivos. Desde ÚBE se ofrecen servicios específicos para conseguir esa revitalización y ofrecer una reorientación estratégica a todas aquellas instituciones a las que la crisis ha roto sus tradicionales esquemas.

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